Nada ha pasado con las víctimas de la invasión en los últimos 20 años. No existe siquiera registros que cuantifiquen el total de muertos, ni acusaciones directas. Analizamos sus motivaciones para entender por qué la invasión parece que no acontenció.
Por:
Valeriano Prida
“Aceptemos con entusiasmo nuestro deber y nuestra oportunidad de ser la nación más poderosa y vital del mundo y, en consecuencia, ejerzamos sobre el mundo nuestra influencia hacia aquellos fines que creemos convenientes y a través de los medios que creemos convenientes (…) ahora nos toca a nosotros ser el generador de los ideales que se extienden por el muindo entero”.
No, no es un discurso de George Bush o Ronald Reagan, aunque lo parezca. Es un artículo del influyente periodista, cabecera de no pocos presidentes estadounidenses, Henry R. Luce. Él escribió en la revista Life, una de las publicaciones que fundó a parte de Time Magazine, este artículo al calor de la Segunda Guerra Mundial e inspirado en su pensamiento de extender lo que el denominó “el siglo americano” a cualquier rincón de la Tierra.
No era otra cosa que hacer prevalecer sobre el resto de países los ideales del liberalismo basados en la libre empresa, la libre competencia, la propiedad privada y la libertad, tal cual este pensamiento político la interpreta. Se trataba de fusionar la fuerza económica, el control de la información, la fabricación de imágenes y la formación de la opinión pública de cara a convencer a todo el mundo la nueva quintaesencia del poder nacional e internacional de los EEUU y su American Way of Life. Aunque fuera a base de mentiras o medias verdades.
La Guerra Fría y el hecho que durante gran parte del siglo XX las relaciones internacionales se desarrollaron bajo el llamado paradigma realista o estatocéntrico, donde prima el interés de los Estados y sus gobiernos por encima de cualquier otro, expandió esa visión estadounidense de policía mundial en defensa de unos valores. Los suyos. Fuese al precio que fuese.
“De la eficacia de las comunicaciones internacionales controladas por el país, al igual que la expansión británica en el pasado depende el destino futuro de nuestro país como centro del pensamiento y del comercio mundial. Gran Bretaña nos proporciona un ejemplo inigualable de lo que significa un sistema de comunicaciones para una gran nación situada a lo largo y a lo ancho del globo”, escribió más tarde Luce. Blanco y en botella, leche.

Unilateralismo: defender por la fuerza los interéses estadounidenses
En ese esquema es dónde la invasión a Panamá encuentra su sentido: en defender por la fuerza los intereses estadounidenses que los distintos gobiernos de ese país y sus jerarquías políticas, económicas y militares sienten amenazados. Para ello, primero fabrican campañas mediáticas internacionales demonizando a sus enemigos, presentándolos como verdaderos demonios causantes de las siete plagas de Egipto. No importa si es verdad o es mentira o si ese mismo monstruo, al que hay que destruir, es creación de ellos mismos, como los casos de Manuel Antonio Noriega, Sadam Hussein o Bin Laden, por ejemplo.
Esa guerra mediática, silenciosa, llevada a cabo muchas veces por la propia CIA, tiene un papel primordial porque no sólo busca difundir verdades a medias o mentiras completas en las televisiones, radios o periódicos del mundo sobre un país o dirigente político sino que busca legitimar ante la opinión pública un eventual ataque o agresión militar.
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