¿Qué puede ser más perjudicial que una invasión? Se preguntó este escritor, y aunque parezca mentira, encontró respuesta a su interrogante en un canto infantil que inventó para Luna, su hija.
Por:
Carlos Wynter Melo
1.
Un día estaba hurgando en el archivero de mi mente. Buscaba una canción, una canción para mi hija de tres años que me ordenaba una y otra vez que le cantara. Sin pensarlo dos veces, canté. Y me salieron del alma, del alma de los recuerdos, las siguientes líneas:
Componte, niña, componte
Que vienen los marineros
Con ese traje tan lindo que parecen carpinteros
Anoche yo te vi
En el parque musical
Moviendo la cinturita
Parapanpinpin fuera
No estaba muy consciente del origen de la tonada. Le pregunté a mi madre sobre ella, y me dijo que la cantaba mi abuela y que, en su momento, ella me la cantó a mí. Parece relatar la vida en un puerto, una tarde de música y jolgorio en una ciudad de puerto. Pero el olvido dejó caer su mano helada en la memoria de mi madre, y la muerte cegó la vida de la madre de mi madre, y la canción llegó a mí como una sombra incomprensible.
Otra burbuja del recuerdo que me explotó en la cara: ¿alguien sabe qué es un diablofuerte? Cuando yo era un niño, llamábamos así a los blue jeans o pantalones de mezclilla.
Diablofuerte es un nombre mucho más interesante que las otras dos opciones. Sin embargo, ellas fueron las que superaron los avatares del tiempo y ya nadie sabe lo que es un diablofuerte. En sí, yo tampoco sé cuál es el origen, el origen más o menos formal, de la palabra. ¿Por qué llamar cualquier prenda de vestir de esa manera?
Mis recuerdos son un rompecabezas de fantasmas.

2
¿Dónde está la patria? ¿Está en la geografía del país?
Y aquel que se va, ¿cómo la empaca? ¿La hospeda en el cerebro para visitarla cuando rememore el pasado?
¿Podría morir el recuerdo de la patria? Como un pichón, ¿podría morir de hambre? ¿Podría morir la patria si no pensamos en ella, si no nos importa, si no la alimentamos con pasión una que otra vez? ¿Podría morir la mismísima patria, la nacionalidad como concepto?
¿Puede, alguna vez, no despertar ningún sentimiento el ondear de la bandera? ¿No quedar nada de las sensaciones que nos unieron con nuestro territorio?
He descubierto que la nacionalidad puede ser más fuerte, más consciente por lo menos, en quien se aleja del país. Tengo amigos que atesoran bibliotecas completas sobre Panamá en sus países de residencia. Desde cierto ángulo, esto parece increíble. Pero lo justifico pensando que, a veces, cuando pegamos un objeto a nuestros ojos, no podemos ver los detalles del objeto.
Quizás lo más acertado sea decir, entonces -como Borges-, que la Patria es la infancia. La patria es un recuerdo, un recuerdo definitivo. Un recuerdo que se lleva a todas partes. Y el mayor enemigo del recuerdo, es el olvido.
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